La Música (parte1/2)
La Sonata para violín y piano n.º 9 en La mayor, comúnmente conocida como la Sonata Kreutzer, fue compuesta por Ludwig van Beethoven y publicada como su Opus 47 en 1803. Es notable por la extrema exigencia de su parte de violín, por su duración inusual (una ejecución típica supera los 35 minutos) y por su inmenso alcance emocional: mientras el primer movimiento es predominantemente furioso, el segundo es contemplativo y el tercero, alegre y exuberante.
La sonata fue dedicada originalmente al virtuoso polaco George Bridgetower (1779–1860), quien la interpretó junto a Beethoven en su estreno. Sin embargo, tras el recital, mientras compartían una copa, Bridgetower hizo comentarios despectivos sobre una mujer amiga del compositor. Furioso, Beethoven eliminó el nombre del violinista de la dedicatoria y lo sustituyó por el de Rodolphe Kreutzer, considerado el mejor violinista de la época. Irónicamente, Kreutzer jamás la ejecutó, pues la consideraba «intocable» e incomprensible. Aunque Kreutzer fue un prolífico compositor de óperas y director de la Ópera de París, su popularidad decayó antes de su muerte; hoy es recordado casi exclusivamente gracias a la obra de Beethoven.
De sus diez sonatas para violín y piano, la Kreutzer proyecta el carácter huracanado de Beethoven. Su voluntad la creó en uno de esos momentos de entrega absoluta a la música conmovedora, navegando entre lo dramático y lo trágico de la condición humana.
El piano abre la obra y las armonías decrecen hasta que irrumpe la sección principal: un furioso Presto en La menor. Cerca del final, Beethoven recupera brevemente el Adagio inicial antes de cerrar con una coda angustiosa. El primer movimiento contrasta fuertemente con el segundo, una melodía tranquila en Fa mayor seguida de cinco variaciones. Finalmente, la calma se rompe con un atronador acorde en el piano que nos conduce al tercer movimiento: una tarantela virtuosa en 6/8 que termina jubilosamente en una acometida de La mayor.
https://youtu.be/9omtV7evmDg?si=dNjKFVpXrdxOz9DK
La Novela (parte 2/2)
En 1889, León Tolstói publicó la novela La Sonata Kreutzer, titulada así por la obra de Beethoven. En ella, un hombre describe cómo él y su esposa se distanciaron emocionalmente hasta vivir en una tensión constante. Cuando un apuesto violinista entra en sus vidas, él y la esposa del narrador (pianista) interpretan la sonata en una velada musical.
El protagonista explica:
“Estaba torturado, especialmente porque estaba seguro de que hacia mí no tenía otra sensación que de irritación perpetua […] y que este hombre, gracias a su elegancia externa y su novedad, y, sobre todo, gracias a su incuestionable talento y la atracción ejercida bajo la influencia de la música, no solo le agradaría, sino que inevitablemente, y sin dificultad, la subyugaría y conquistaría, y haría con ella lo que quisiera.” — La Sonata Kreutzer, Tolstói (1889).
En el clímax de la historia, el hombre regresa a casa tras un viaje de negocios y encuentra a su esposa cenando a solas con el violinista. Cegado por los celos y lo que considera una violación de la etiqueta social, la asesina. Tras pasar once meses en prisión, es liberado.
Oscilando entre la crítica social y una visión misógina, la novela aborda temas candentes del siglo XIX: retrata vívidamente un matrimonio sin amor, explora el sufrimiento de la mujer ante la falta de derechos y promueve la abstinencia como respuesta a las pasiones descontroladas.
Pese a ser censurada inicialmente, la obra fue un éxito inmediato e inspiró múltiples piezas de teatro y pinturas. El compositor Leoš Janáček, identificado con el drama de la novela, escribió en 1923 su Cuarteto de cuerdas n.º 1, utilizando material de un trío previo inspirado en el libro.
La sonata y la novela recrean, cada una en su lenguaje, las pasiones más profundas de la naturaleza humana, tejiendo entre la literatura y la música un hilo invisible de donde brotan historias estremecedoras.


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