El techo es el único horizonte que nos pertenece. Mientras las paredes sostienen el peso de lo cotidiano, el techo representa el cielo; es el lienzo donde la mirada se libera del suelo para reconocerse en su propia inmensidad. Si bien en la antigüedad pintábamos los techos para llenar el vacío con significado, hoy los liberamos de contenido para llenar nuestra mente de paz y tranquilidad.















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